ANTONIO LÓPEZ: ARTISTA EN LIBERTAD, Mi pintura es un testimonio del alma

ANTONIO LÓPEZ, ARTISTA EN LIBERTAD

Scritto da Myriam Lafuente Soler on . Postato in Cultura

“Mi pintura es testimonio del alma”

Cuánto sabe la flor. Sabe ser blanca, cuando es jazmín, morada cuando es lirio. Sabe abrir el capullo sin resevar dulzuras para ella (Pedro Salinas).

Principios de enero del 2021. Un temporal cubre de nieve la capital de España. “La luz en los días nevados es especial”, comenta el artísta. Perteneciente al grupo realísta de Madrid, con raíces profundas que llegan hasta el siglo XVII, la Escuela Realísta española.


Myriam Lafuente Soler, giornalista spagnola (di Alicante), collabora per Agenda Viaggi scrivendo in spagnolo e inglese. Ci racconterà con i suoi articoli, le sue emozioni e i suoi punti vista. Una scelta inedita, che aggiunge un tocco internazionale al nostro magazine online.

Antonio López García “ocupó” el despacho de Gonzalo Jiménez-Blanco para pintar la Gran Vía de Madrid. Una obra genial. Madrid no es una ciudad muy pintada como Roma, París o Venecia. Antonio Lopez ha pintado sus calles en varias ocasiones. Madrid no es una ciudad que guste especialmente al artísta, pero vive allí y se relaciona con ella.

Milan, Italy.

Hoy. Mi infancia transcurrió en Tomelloso, un pequeño pueblo de la Mancha. Viví como un niño en unos campos manchegos en toda su pureza la cual desapareció con el pasar de los años. Me encantaba dibujar. A los catorce años me fuí a Madrid a estudiar a la Facultad de Bellas Artes de San Fernando. Mis padres estaban muy tranquilos y confiaban en mí. Hoy día eso resulta impensable, sentimos más aprensión. Los niños de ahora están aplastados por las obligaciones que sus padres les imponen porque, a su vez, a éstos se las impone la sociedad, a la que obedecen.

Las calles están llenas de coches y los niños son prisioneros en pisos sin poder jugar al aire libre, perdiéndose la vida. Vivimos en una sociedad de consumo que te estruja y el niño busca cosas que se pueden pagar con dinero. En la escuela, muchas veces, aprenden cosas inútiles y la asignatura de arte no se enseña bien. Por el contrario, la ciencia ha avanzado mucho respecto a cuando yo era niño en Tomelloso, y, hoy día, las personas mueren más tarde.

El artísta vive en una época concreta que hay que comprender. Van Gogh es un pintor impresionante, me encanta, ha llegado a expresar las cosas con una intensidad emocional enorme, como pocos artistas han llegado a hacerlo. Le costó, eso sí, muy caro. Pero no lo podemos juzgar con la mentalidad que se tiene ahora.

Pintor luminoso. Ayer por la noche ví una película de los hermanos Coen, Sangre fácil, y quedé sorprendido por la cantidad de violencia que ofrece. En la sociedad actual hay aspectos hermosos y otros dramáticos. La gente está desorientada y, además, los políticos nos gobiernan mal. Hay gente maravillosa de la que hay que aprender, conviene saber elegir y fijarse en la gente buena, pura… no en los que tienen como meta en la vida ganar dinero o tener poder.

Me encanta Morandi que se queda con la parte agradable de la vida. Un pintor que admiro, y él, como italiano, se centra más en la belleza. Al pintor italiano no le pesa la parte dolorosa y obscura de la existencia. Trabaja fuera de lo dramático. Soy un pintor luminoso, me gusta la parte agradable de la vida, no soy sombrío y queda reflejado en mi obra (salvo alguna excepción). Italia es un país que enseña al mundo qué es el arte pues tiene mucho y de todas las épocas.

Igual que un sastre mide hasta el último centrímetro cuando cose, Antonio López al pintar mide todo. Muchas líneas rectas que indican relaciones y medidas, agujeros de clavos o chinchetas se perciben en sus obras. Al pintor no le importa dejar esas huellas visibles en sus obras, que forman parte de su proceso creativo.

Del natural. Lo importante es sentir, si bien la exactitud no asegura nada al artísta, para mí es básica, es mi punto de partida. La obra se ha terminado cuando se llega al límite de las propias posibilidades. Yo sé bien qué es llegar al final, es cuando lo que tenía que pintar está pintado. El vínculo del pintor figurativo con el mundo real es muy intenso y determinante provocando una dificultad y axfisia muchas veces. Cuando pinto del natural dependo de la luz: si empiezo una obra en verano y tengo un tipo de luz, cuando esa estación del año termina, he de esperar al verano siguiente para poder continuar. Si estoy pintando una rosa y ésta a los cuatro días se marchita, no puedo seguir. Estas son algunas de las limitaciones con las que me encuentro cuando me pongo a pintar un cuadro del natural.

El color. No tengo preferencia por ningun color, me gustan todos. Soy un pintor figurativo y he de usar el color que veo para ser fiel a la realidad que está fuera de mí. Es mi forma de trabajar. Velázquez, cuando pinta al Papa Inocencio X usa mucho el color rojo, porque la casulla es de ese color, pero también le pinta un faldón blanco, la cara, el bonete negro. Es decir, usa también otros colores, los que le impone la realidad. En ese cuadro está el Papa y todas las emociones, toda la pintura.

El proceso creativo. Cada pintor tiene una forma de trabajar, si es abstracto trabaja de una manera, si es el figurativo de otra. Hay quien pinta muy rápido, hay quien lento como Leonardo da Vinci, o quien lentísimo como yo. De lo que se trata es de hacer algo interesante. Soy pintor figurativo, si el natural no colabora tardo mucho en acabar la obra. Yo sudo la gota gorda trabajando pues tengo obsesión por medir, lo que me lleva a trabajar lento. Igual que un sastre mide para hacer un traje, si pinto una flor, mido hasta el último centrímetro de la composición del cuadro. Es mi forma de trabajar y mi contacto con el mundo real. El pintor ha de encontrar su espacio y es en esa forma de trabajar donde me sitúo como artísta. Es algo personalísimo. Un buen pintor figurativo ha de dar el paso de copiar las cosas a tratar de entenderlas y es entonces cuando se puede transmitir el misterio. El arte figurativo es complicado, no es un mero copiar.

Cuánto sabe la flor. Permite sonriendo que su alma se haga miel (Pedro Salinas).

Para pintar la realidad al pintar necesito de procedimientos de medición, a través de instrumentos que me ayudan a ser más preciso. No pinto flores simplemente porque son bellas, las pinto porque forman parte de la vida. Yo busco la emoción y, si el tema es bello, pues mejor. Cuando pinto flores dejo a veces en el lienzo las marcas que me sirvieron para medir con exactitud a la hora de componer la obra. Al finalizar el cuadro, se notan en el lienzo las marcas, algunas las borro y otras las dejo. No me importa que las marcas de mi proceso creativo queden visibles: huellas de clavos o chinchetas que me sirvieron para poner un hilo cuando pergeñaba la composición del cuadro. Trabajo de ese modo: midiendo y marcando para que todo quede preciso y en su sitio justo.

Antonio López Torres. Era un pintor de pueblo que pintaba paisajes manchegos. Persona honesta, pura y limpia y como pintor iba directamente al mundo real. Me dí cuenta desde niño de que tenía talento para dibujar y me dediqué a ello con todas mis fuerzas. Mi tío, en Tomelloso, fue la persona que me estimuló en la infancia, y decidí seguir sus pasos aprendiendo y absorbiendo todo de él. Me aconsejaba que fuera más “a ojo” al pintar, que no utilizara metodologías rigurosas, pues bastaba con educar la mirada. Así hacía al principio de mi carrera de pintor, siguiendo su consejo. Con el tiempo, me dí cuenta de que necesitaba de una mayor precisión al componer. Era como una obsesión. Hago las cosas a mi modo, tengo esa forma personalísima de trabajar, y con el tiempo, he ido creando mi propio lenguaje. Si a mi tío le gustaba pintar los campos de la Mancha con toda la pureza que tenían entonces, a mí me ha tocado pintar la ciudad, El destino me llevó a Madrid a formarme como artísta y ahí me quedé.

La emoción desde la abstracción. La pintura como algo emocional es anterior a la fotografía, la cual deja testimonio del mundo real cuando antes lo hacía solo la pintura y la escultura. Eso crea un malentendido malévolo. La fotografía la he usado a veces cuando el modelo no puede estar tantas horas posando para mí. Me gusta pintar del natural, no basarme en la fotografía, sólo lo he hecho cuando no tenía otra opción.

Me sirve la fotografía para captar la forma, pero me gusta ver las personas y los objetos con mis propios ojos y captar de ese modo todos los matices de color. Uso instrumentos de medición para aprehender la realidad y componer el cuadro. La fotografía ahí no puede ayudarme, al contrario. El arte figurativo tiene valor en sí mismo y se pueden decir muchas cosas de nuestra época a través de él. Es un espejo del mundo real y un testimonio de un tiempo.

Cuando me han mencionado que un cuadro mío parece una fotografía me ofenden, quien opina así no sabe qué es un pintor, le falta preparación y conocimiento. Yo no tengo miedo al mundo real cuando empiezo una obra pero insisto en no quedarme ahí y meto la emoción desde lo abstracto de la pintura pues, en ella, siempre ha habido abstracción. Si no se entiende a los abstractos Rothko o Tápies tampoco se entiende a Velázquez. Hacer la pintura es muy difícil y entender de ella más todavía. He comprendido antes a Tápies que a Velázquez, con el que he tardado años en entablar un diálogo.

Cuánto sabe la flor. Sabe dejarse coger por tí, para que tu la lleves ascendida, en tu pecho alguna noche (Pedro Salinas).

Raíces en el misterio. Una cosa te gusta y te gusta. No hay que analizar tanto. Me encanta pintar, y la emoción que siento al hacerlo no se puede describir. No me gusta que me pregunten por las emociones que siento al pintar, es como si a una madre le dices que te describa cómo quiere a su hijo. La vida es más natural y sencilla.

El arte tiene una raíz en el misterio muy profunda. La magia del arte radica ahí, en ese algo que te gusta y es imposible de explicar. La parte abstracta está en todos los pintores interesantes. Me gusta el pintor abstracto Mark Rothko o el pintor figurativo Vermeer de Delf, el cual, cuando pinta a una mujer, su magia radica en las emociones de soledad o de silencio que esa mujer transmite. También un cineasta ha de pensar en el encuadre: donde pones la cámara para transmitir la luz, lo misterioso. Conecto con los Asirios de hace cuatro mil años. Todas las artes crean una relación con una necesidad del hombre. No se le podría preguntar a un pájaro por qué canta, pues nació para cantar. Yo soy pintor, sé pintar. Las artes responden a necesidades de los hombres. El hombre es un enigma y éste ha de hacer lo que sienta, sirva de mucho o de poco. Todas las personas trabajamos pero hay algunas especialmente dotadas para hacer algo determinado .

El tiempo. El paso de los años condiciona mi obra y con la edad me siento libre. Influye mucho la edad que tengas. No es lo mismo tener veinticinco años que ochenta y cinco como tengo yo en la actualidad. El artísta se va desarrollando con los años, si bien sigues siendo la misma persona, te manifiestas de forma distinta. Con los años te vas haciendo más libre, con menos ataduras. Velázquez con el tiempo va adquiriendo más luminosidad, por el contrario Goya se va oscureciendo y eso queda reflejado en su paleta. Yo soy un pintor luminoso, me encanta la naturaleza, la luz, el sol, los paisajes.

Al mismo tiempo también me gusta la noche, con toda su belleza. Si bien fuí muy precoz (de pequeño dibujaba bien), como artísta me he consolidado con lentitud. Al nacer en un tiempo determinado absorbes todo lo anterior, aprendes de los grandes maestros del pasado. Entre mi tío y yo no existe tanta diferencia de tiempo, y por ello, nuestro arte es parecido. Al ser dos artístas distintos cada uno tiene su estilo.

La cena (1971-1980). Esta obra fue expuesta en la Pinacoteca de Brera, Milán en el año 2014. La niña es María, hija del pintor. La cara de su mujer (María Moreno) no le salía como el pintor deseaba y la dejó cubísta. El filete, se cansaba de pintarlo, lo recortó y lo pegó, a modo de collage. El pintor domina la técnica, no siendo para él lo más importante y este cuadro es un claro ejemplo de ello.

En Madrid. Pasaron los años intensos de formación académica en aquello que intuía podía ser mi vida: el arte. Un día, en Madrid, me dí cuenta de que podía vivir de la pintura. Nací y viví mi infancia en Tomelloso pero me formé como artísta y maduré como persona en Madrid, allí están mis amigos. Estoy agradecido a muchas personas, yo sólo nunca hubiera hecho nada. Vivimos en comunidad y en ella nos movemos necesitándonos los unos a los otros. A mí el contacto con la vida me gusta. Uno puede tener sus propósitos pero las circunstancias no dependen de él. Estamos en manos de los demás, que nos ayudan. Hay que estar cerca de las personas e ir juntos al mundo. Por ejemplo, si preciso de un modelo para hacer un retrato, necesito de su paciente colaboración, aunque se le pague con dinero. Si necesito pintar una calle determinada de Madrid, pido el favor a un amigo de poder contemplar la calle desde la ventana de su casa. Madrid no es una ciudad que me encante, pero allí tengo mi mundo y la he pintado en varias ocasiones, me gusta pintar la ciudad.

De lo personal. Las emociones que siente un pintor no se pueden describir. Nos movemos entre cosas buenas y malas. Un artísta tiene sus dificultades y lo pasa muy mal. La gracia está en hacer un cuadro con el sentimiento. Tener la capacidad de materializar con ese sentimiento en la obra. No hay que tener miedo a hacer lo que te guste hacer, siempre encontrarás un buen espectador. El arte da alivio a la vida, y como artísta, es el servicio que presto al mundo. El arte es la capacidad de crear en relación a una necesidad. Hay quien canta, quien baila, quien esculpe… Yo hago pintura y escultura.

Lo importante y decisivo es lo que tú expresas, la capacidad emocional que pueda tener la obra de arte. Reconocemos algo que corresponde a los sentimientos y éstos son invariables a lo largo del tiempo. En otras épocas no ha sido así, pero hoy día gustan las personas que tienen un estilo personal: Pablo Picasso, Frida Khalo, Morandi. En el mundo de la literatura pasa lo mismo, Cervantes, debe de ser un referente para los que quieren escribir, Tolstoi, Dostoevskij, Faulkner, son escritores personalísimos, con mundos propios.

Cuánto sabe la flor. Sabe entregarse, dar, dar todo lo suyo al que quiere, sin pedir más que eso: que la quiera. Sabe, sencillamente sabe, amor (Pedro Salinas).

La temática del pintor figurativo. Como todo pintor figurativo pinto siempre los mismos temas: paisajes, flores, figuras humanas y ciudades. El paisaje es como una flor grande. Son muy pocas las variantes de esos temas. Pinto también lugares de mi casa, donde yo vivo, escenas de mi vida cotidiana, por ejemplo, una puerta, un baño o una ventana. Las cosas tienen por sí mismas un misterio por desvelar. Como pintor figurativo, mi estudio (espacio de trabajo), es el mundo y si tengo que pintar la Gran Vía, esa calle es mi estudio mientras pinto esa calle. “Gran Vía”, lo pinté durante cinco veranos seguidos a las seis y media de la mañana. En el lienzo la calle está tomada desde la perspectiva de Alcalá y está vacía, pero cargada del enigma de la vida. Tardé mucho como artísta en pintar el enigma en las calles.

Trabajar por encargo. Velázquez trabajaba por encargo, pero no había ninguna disociación entre éste y los intereses del pintor. Lo que se le pedía al pintor iba acorde con lo que él quería hacer. Los encargos eran acertados porque eran la voz de la sociedad, y ésta daba al artísta buenos trabajos. Gracias al encargo ha existido el arte, el Juicio Final de Miguel Ángel fue un encargo, como muchas obras excelsas de la Historia del Arte.

Los impresionístas empiezan a dejar de trabajar por encargo cuando esa armonía desaparece y sus obras no gustan a la sociedad de su tiempo. En el siglo XX el pintor gana libertad, ya no trabaja por encargo… y surgen infinitas formas de hacer arte. El gran regalo del siglo pasado es la gran variedad de expresiones artísticas que ha dado: pintores contemporáneos pintando de forma diversísima entre ellos. Los arquitectos empiezan a trabajar en una obra siempre por encargo, sin embargo el escritor y el pintor son más libres. Yo me siento libre. A mí me gusta trabajar por encargo si éste es bueno. Es una maravilla llegar a mi edad pintando.

Cuánto sabe la flor. Sabe fingir, cuando al siguiente día la separas de tí, que no es la pena de tu abandono lo que la marchita (Pedro Salinas).

La naturaleza como pasión. Me entusiasma la naturaleza y pinto del natural. Me gusta el paisaje, que es como una flor amplia que lo abarca todo. Tengo fijada en mi memoria las flores de los patios manchegos muy cuidados. Alli había geranios, claveles, rosas y pensamientos, son las flores de mi infancia y las que pinto. Siempre vuelvo a ellas, son las que me emocionaron de niño y quedaron grabadas en mi memoria. La naturaleza gusta a los pintores figurativos como yo, Durero pinta en sus obras las flores pequeñitas.

Agradezco a mi profesor de Arte Jorge Latorre la posibilidad de haber mantenido esta entrañable conversación con Antonio López y a Fátima Pemán, pintora, quien me ha explicado conceptos del oficio del pintor que me han permitido entender mejor al artísta.

Info: www.antoniolopezweboficial.com/

Myriam Lafuente Soler

Myriam nace en Alicante, España en 1973. Desde pequeña siente una fuerte inclinación por la escritura. Se hace periodista y cumple su sueño junto con el de ser mamá de 3 hijos estupendos. Ha vivido en Singapur, experencia que la marca profundamente a la hora de ver el mundo. Vive en Italia desde hace 10 años. Le encanta la naturaleza y contemplar las nubes.