Kiefer expone Las Alquimistas. La muestra cuenta con 42 grandes lienzos de técnica mixta, instalados en la sala de las cariátides, un espacio dañado por la guerra y no restructutrado de forma voluntaria para permanecer como símbolo de la barbarie en la memoria colectiva. Un ciclo de pinturas monumentales que rinde homenaje a las mujeres científicas olvidadas en la Edad Media y el Renacimiento.
Milan, Italia.

Kiefer es uno de los artistas alemanes posteriores a la Segunda Guerra Mundial más conocidos, pero también de los más controvertidos.
Anselm Kiefer, artista de la memoria
«El arte es un intento de llegar al mismo centro de la verdad. Nunca puede, pero es capaz de acercarse bastante», afirma Kiefer, uno de los pintores y escultores más importantes del siglo XX. Famoso, sobre todo. por sus pinturas matéricas donde afronta el pasado y toca temas tabú de la historia reciente alemana, sobre todo del nazismo. A finales de los sesenta, en una primera, controvertida y entonces mal entendida declaración artística, Kiefer se retrataba a sí mismo ataviado con el antiguo uniforme militar de su padre y replicando el saludo nazi ante prominentes localizaciones en Europa.
Arendt argumenta que el mal más devastador a menudo proviene de la incapacidad de reflexionar sobre las consecuencias de los actos, actuando solo para cumplir órdenes y seguir el sistema. Kiefer se encuentra en esa línea de pensamiento, sus antepasados no reflexionaron, banalizaron el mal y sus consecuencias. No por ello quedan eximidos de la culpa, esconderse y no afrontar el mal comentido es seguir banalizándo.
El artista puso énfasis en el papel de la ocupación en el nazismo, además de la actitud simpatizante y colaboracionista de países que después quisieron borrar con premura todo rastro de admiración por el Tercer Reich. Piezas de arte desafiantes, cuya imaginería nacionalsocialista era ilegal en la Alemania de la posguerra, abocada a la pérdida de memoria para conjurar el sentimiento de fragilidad, vergüenza y culpa. Su obra concibe los escombros y las ruinas para ser responsable y consciente de que el mal forma parte de la historia de la humanidad. Un mal que no tiene la última palabra, dado que sus consecuencias son necesarimanete un punto de partida. Cada día amanece y se construye desde lo que aconteció el día anterior, somo enanos a hombros de gigantes.

El arte para el artista alemán, sobrevive a sus cenizas.
Como cuando nace un niño,
comienza un mundo para él.
“Aquella obsesión del autor contra la amnesia social y política ha sustentado a lo largo de más de cuatro décadas una obra singular que recurre a materiales evocadores de las ruinas de la posguerra para sumergirse en el pasado reciente de su país a partir de una iconografía plagada de símbolos. Un centenar de cuadros e instalaciones a gran escala, construidos con cenizas, tierra, paja, plomo u hormigón”, explica Patricia Tubella, crítico de arte.
La sala de las cariátides, punto de inspiración.
Cuando Kiefer vió la sala, imaginó su obra dentro de ella -en esos momentos que visitaba la sala estaba leyedo un libro sobre la alquimia-. La obra subraya la conexión entre la alquimia, el trabajo femenino y el nacimiento del pensamiento científico moderno, presentándolo como un proceso de transformación. Las personas comunes pueden acometer atrocidades aceptando las consignas sin pensamiento crítico más que por tener una conciencia mostruosa. Nunca olvidemos de Hitler se quitó la vida cuando perdió la guerra y ver las atrocidades que bajo su mando se cometieron.
Para el artista alemán, no es bueno olvidar las atrocidares, taparlas como si no se hubieran cometido. Por ello. la sala con imperfecciones causadas por la guerra, conecta perfectamente con la obra de Kiefer. Las cariátides de la sala están ahí, algunas sin cabeza, otras sin miembros, pero siguen vivas e interpelando a quien las desea contemplar. Las cariátides balilan en la sala de espejos con las mujeres alquimistas representadas en paneles estrechos y muy altos. Me imagino la sala al amanecer, sin personas, cuando empeza a entrar una tímida luz por las ventanas, cuando las alquimistas empiezan transformando la materia y el espíritu para encontrar la piedra filosofal para convertir metales en oro,

Detalles de las plantas que sobresalen del cuadro, pasando a la dimensión tridimensional, subrayando la importancia de las plantas que las alquimistas usaban para sus fórmulas.
La sala se formó en el marco de las reformas realizadas en el Palacio Real de Milán por el gobernador del ducado de Milán, el archiduque Fernando Carlos de Austria, hijo de la emperatriz María Teresa. Se construyó entre 1774 y 1778, según diseño de Piermarini. Durante el siglo XIX fue espacio destinado a sala de baile y recepción de los distintos príncipes que habitaron el palacio. Hasta 1859 este fue residencia de los virreyes del Reino Lombardo veneto. En la II Guerra mundial la sala fue bombardeada y sería restaurada parcialmente seis décadas después de la situación semiruinosa. El estado de decadencia de la sala ha sido el punto de partida o la inspiración del artista alemán, quien desea que la obra permanenza en esa sala de forma permanente (como las que tiene de Hangar Bicocca). En principio parace difícil colmar el deseo de Kiefer porque la sala cariátides o de los espejos se reserva para exposiciones especiales (por ejemplo se expuso el Guernica de Picasso).

Mujeres sabias, visionarias y resilientes que, entre magia y filosofía se dedicaron al conocimiento experimental, medicina, química, el cuidado del cuerpo, antes de la ciencia moderna, siendo, muchas veces, marginadas.
Alquimia espiritual
Kiefer rescata del olvido a figuras como Caterina Sforza, Isabella Cortese, Marie Meudrac y Mary Anne Atwood, quienes practicaron la alquimia y sentaron bases científicas. a partir de colores naturales, acorde con el ambiente de decadencia de la sala. El contraste entre el oro, material puro de la alquimia que no se oxida y el plomo que sí se oxida y es maleable es impactante. Los lienzos son densos en texturas, utilizando materiales como oro, plomo, ceniza y elementos naturales, reflejando el proceso de transformación alquímica. Cariátides destrozadas con cuadros inacabados en consonancia con el tiempo que les afecte y se degraden con la sala. No hay arte sino hay alguien que lo siente. Dentro de la sala se siente la experiencia del Arte, la conmoción cuando se llena un polvo dorado como aire que se respira, te entra por los pulmones a todo el cuerpo.
Anselm, del 2023 es un interesante documental dirigido por Wim Wenders que retrata bien al artista. La película, rodada durante dos años, explora el proceso creativo del artista, su fascinación por la historia alemana, la mitología y su inmenso taller en Francia, difuminando las líneas entre cine y pintura. Merece la pena verlo para conocer cómo trabaja el artista
INFO
Las Alquimistas
Sala de las cariátides, Palazzo Reale del 7 de febrero al 27 septiembre 2026.
Photo Miriam Lafuente Soler.




