Valentino (1932-2026), hombre que amó lo bello sobre todas las cosas. Desde el cielo vestirá de rojo los atardeceres de Roma como un vestido de noche que detiene el tiempo y captura todas las miradas.
Milan, Italia.

Valentino convirtió el color rojo en un sello distintivo de su marca, elevándolo a la categoría de mito.
Una mujer de rojo siempre se impone
AValentino no le importaba no ser el diseñador más moderno y vanguardista, solo quería crear vestidos fabulosos. “Me gusta la belleza, no es mi culpa”. Es una declaración que manifiesta una profunda apreciación por la estética, un disfrute total por las cosas hermosas, ya sea arte, moda, decoración o un paisaje. En el mundo hay personas tocadas por los dioses para crear belleza, apreciarla y rodearse de ella. Valentino Garavani era uno de ellos, a pesar de haber nacido en una época donde la belleza era un capricho superficial. Italia se le quedó pequeña y se fue a París a estudiar donde absorbió todo lo que le interesaba y se dió cuenta enseguida de que la moda era poder y eligió el rojo como color dominante en sus vestidos, porque una mujer de rojo no llama la atención simplemente sino que se impone.

Valentine red: una mezcla de carmesí, magenta y un toque de negro.
¿Qué dioses le susurraron que su destino estaría ligado a un color?
Para él, después del blanco y el negro, no había color más fino que el rojo. Su legado es haber hecho de un color parte de su marca, el rojo Valentino. Un color que llegó a convertirse en una obsesión. Fue un niño que sentía verdadera pasión por los colores, y siendo muy joven en la Ópera de Barcelona quedó impresionado de cómo el rojo dominaba el escenario, algo que perturbóla imaginación del joven. En particular, quedaría fascinado por la presencia de una mujer mayor sentada en un palco con un vestido escarlata de terciopelo que lo impactó profundamente. La mirada del modisto queda cautivada por la intensidad del color y se dijo a sí mismo que, si alguna vez era diseñador, el rojo sería su color. Un color que se apoderó de él para no abandonarlo jamás: es el color del fuego del drama, del amor, del poder, de la fuerza, de la pasión, de la sangre. Sólo podremos recordar al creador italiano en este tono rojo, un color que cambió la historia de la moda. La elegancia, para eValentino estaba hecha de inteligencia y de no ostentar la etiqueta fuera del vestido. La elegancia nacía con nosotros y el estilo se podía adquirir.

El rojo no era solo una elección estética, sino una declaración de identidad, poder y pasión.
Desde su primera colección en 1959 el rojo siempre presente
Color que lo ha convertido en símbolo de la famosa marca por él creada y por ello el día de su muerte el cielo de la ciudad eterna se tiñó de rojo Valentino. “Creo que una mujer vestida de rojo es siempre maravillosa, es la imagen perfecta de la heroína”. El rojo pues, desde su primera colección se convirtió en el emblema de su firma. Como un ser tocado por los dioses, Valentino era consciente de que poseía elegancia y estilo, y descubrió que el rojo no era un color sino un estado de ánimo y lo hizo parte de su identidad.

Una mujer nunca se equivoca si viste de rojo: es un color que da,
que se adapta a todas, decía Valentino.
No es cereza, no es coral, el rojo Valentino es un tono puro
Un color sin interferencias de amarillo o azul, sino el resultado de una extracción perfecta del pigmento primario. En un documental de 2008 de Matt Tyrnauer, Valentino: The Last Emperor, define la esencia de este rojo: es la herramienta que permite a toda mujer sentirse como una diosa. El emperador de la moda ha sido velado en la Piazza Mignanelli entre el 21 y el 22 de enero y el funeral se celebrara el día siguiente en la Basílica de Santa María de los Ángeles y los Mártires, un templo majestuoso edificado encima de unas termas romanas. Valentino ha vestido al mundo pero vivió su vida en la sombra. Se ha ido, pero nos deja su color como legado que contemplaremos en los atardeceres romanos los días en de verano. “El rojo es un color que me lleva de vuelta a mi infancia. Tiene tanta vitalidad y encanto que no solo me gusta verlo en la ropa, sino en las casas, en las flores, en los objetos, en los detalles”, decía, por ello, no me cabe duda que le pedirá a los ángeles de Dios de colorear los atardeceres romanos, la ciudad donde vivió, rezó, creó y amo. Arrivederci.
Foto Pablo Granell
Fotos tomadas en la Fondazione Valentino Garavani e Giancarlo Giammetti, Piazza Mignanelli 23 Roma en la exposición Orizzonti Rosso




