Espido Freire ama los libros que van más allá de la descripción y consiguen transmitir una experiencia interior. Le atraen los diarios o las obras híbridas, donde el viaje es una excusa para reflexionar sobre el mundo y sobre uno mismo. “Cuando era una niña, descubrí que los lugares dejaban de existir, que desaparecían, engullidos como la ballena se había tragado a Noé…”, es la primera frase de su libro que invitamos a descrubrir…
Milan, Italia.

Guía de lugares que ya no existen es emocional, un cuaderno de viaje escrito desde la observación.
No pertencer a ninguna ciudad
De entre todas las ciudades que conoce no podría quedarse solamente con una sola, esa que le inspira, que le nutre el alma y el espíritu para luego volcarlo en la página en blanco. Para Espido hay ciudades que dejan huella por motivos distintos: algunas por su historia, otras por su atmósfera o por lo que una vive en ellas. Quizá las ciudades del norte de Europa, o ciertos lugares de Inglaterra, han sido especialmente fértiles para ella, pero la inspiración no depende tanto del lugar como de la mirada con la que llegas a él. Bilbao para la escritora ha sido esencial, pero también el rural gallego…
“Quien viaja, a ojos de los demás, nunca está; y, sin embargo, en este tránsito es donde la existencia se muestra por completo“, escibió el escritor viajero Noteboom, del mismo modo, para Espido Freire cada país que visita es solo otra versión de aquel prado desaparecido, de aquel pueblo borrado por el agua, de aquella esquina donde jugaba de la que ya no queda ni el viejo roble. “En algún momento cumplí mi palabra y me marché de la tierra en la que nací. Fué mucho tiempo después de saber que yo ya no pertenecía ni a Álava, ni a Vizcaya, ni a los valles en los que había crecido, sino a los paísajes que creaba y que inventaba en mi cabeza. Me costó marcharme de allí: no me engañaba con el pensamiento indulgente de que solo serían unos años, y que regresaría a lo que había conocido. No, y volvería de vez en cuando, pero ya no sería para pertencecer a mi tierra, sino para hablarle a otros de ella, para mostrarla e intentar entenderla de nuevo”…
“Esa misteriosa sensación de vivir sin atarse a nada me resultó muy útil“, dejó escrito su querido escritor Stefan Zweig, como él, Espido Freire no siente que su identidad dependa de un único lugar. Ha vivido, viajado y trabajado en muchos espacios distintos, y ello le ha dado una relación más abierta con los lugares. “Soy hija de emigrantes. Mi tatarabuelo viajó a Nueva York en su juventud, trabajó allí y regresó a Galicia para casarse con mi tatarabuela, varias de mi tías abuelas emigraron a Argentina o a Cuba, de manera que la inquietud viene de lejos. Me siento vinculada a varios lugares, pero no limitada por ninguno. Es una forma de libertad, pero también implica aceptar cierta falta de raíces fijas”.

Espido Freire nos narra escenarios que existieron pero se desdibujaron para trasformarse en un lugares inexistentes.
Los viajes alimentan su escritura
El tren es su medio de trasporte preferido para viajar, observando por la ventana, escuchándo lo que un misterioso compañero de viaje desea contar, tal vez una história íntima que pensó que a nadie contaría. Son esas conversaciones improvisadas las que conforman el urdimbre de esta narradora de historias. “La primera novela que escribí tomó forma en un tren, el medio que prefiro si debo viajar, y más aún si debo hacerlo sola. Durante muchos años, en aquellas tardes lentas y sombrías, cuando las luces delineaban la ciudad a lo lejos, recorría sentada junto a la ventanilla el trayecto que une mi pueblo con Bilbao”... Le gusta viajar aunque no viaja solamente con esa intención. El viaje le despierta, le obliga a estar atenta, a mirar con más precisión. Después, casi sin darse cuenta, esa experiencia se convierte en relato.
No siente que primero viaje y luego escribe: ambas cosas se entrelazan de forma muy natural. “Aterricé en Damasco el 12 de febrero de 2022, cuando la noche ya se entremezclaba con el polvo: las ciudades desconocias parecen idénticas en la oscuridad, sobre todo en la tierra de nadie que se extiende entre el aeropuerto y los primeros arrabales, durante eso momentos en los que olor del país nuevo nos golpea si que podamos aún decidir si nos gusta o no, y en el que el sueño la desorientación han convertido el tiempo en una sustancia pastosa que desgranamos entre los dedos”.
Los viajes alimentan su escritura pero la alimentan, como alimentan su vida o pensamiento. Cambian el ritmo, amplían la mirada y la sacan de lo conocido. Un paisaje nuevo, una conversación inesperada o un gesto cotidiano en otro país le abren caminos que luego aparecen en sus textos. No siempre de forma directa, pero sí como un poso que transforma su manera de escribir. Espido Freire admira a Stefan Zweig, escritor austriaco cosmopolita, quien consideraba los viajes como una aventura esencial, de libertad e incertidumbre que esencialmente implicaba salir de la zona de confort buscando la aventura y la sorpresa.

Espido Freire es una de las autoras más reconocidas de la narrativa española contemporánea. Con veinticinco años ganó el premio Planeta y, desde entonces, ha publicado mucho y ha ganado varios premios como el Azorín, el Ateneo de Sevilla o el LLanes de viajes.
Escritura desde la observación
“Cuando era niña aprendí, con una tristeza que entones no sabía nombrar, que los lugares pueden desvanecerse. Que no basta con haber vivido en ellos, con haberlos amado, con haberlos dibujado en la memoria: hay tierras que desaparecen sin hacer tuido, sin que nadie se entere. Aprendí que no estaban clavadas en el mundo como anclas, sino que flotaban apenas sujetas por los hilos del recuerdo”.
La nostalgia está presente en ella, es una compañera evanescente y muy fiel, pero no es el centro de su vida. Le interesa más la conciencia del paso del tiempo y de cómo los lugares cambian, desaparecen o se transforman. No escribe desde el lamento, sino desde la observación. La nostalgia, en ese sentido, puede ser un punto de partida, pero lo que realmente le mueve es entender qué permanece y qué se pierde.
“He recorrido mucho desde entonces. Más de lo que aquella niña habría imaginado. Pero sigo sabiendo lo mismo que hay que prestar atención, que hay que cuidar los lugares con la devolción con la que se cuida a un enfermo. Que el mundo pese a su peso y suciedad, es frágil como un vaso antiguo. Y que, a veces, no queda más que decir adiós, y marchar hacia otro lugar que aún no existe“.
Fotos @Nika Jiménez y rosa @rtve
Freire, Guía de lugares que ya no existen”. RBA. Premio Eurostarts Hotels de Narrativa de Viajes 2025.



