Jesús compartió una cena con sus apóstoles en Jerusalén antes de su crucifixión y anuncia que uno de ellos lo va a traicionar. Un momento dramático que Leonardo da Vinci inmortalizó. Pintado entre 1494 y 1498, es un mural icónico situado en el refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie en Milán. El espectador del mural siente que participa en la cena respirando la tensión del interrogante que flota en el aire.
Milan, Italia.

Una de las mayores obras maestras del arte occidental, reflejando el estudio de Leonardo sobre la luz y la psicología humana.
La última cena (1494-1498): la obra más famosa del Renacimiento
En la primera carta de san Pablo a los corintios menciona la última cena. Los cuatro evangelios canónicos afirman que tuvo lugar en la semana de la Pascua, días después de la entrada triunfal en Jerusalén y poco antes de que Jesús fuese crucificado esa misma semana. Durante la comida,Jesús predijo que iba a ser traicionado por uno de los apóstoles presentes y que, antes de la mañana siguiente, Pedro le iba a negar tres veces. Leonardo da Vinci pensaba que la simplicidad era la última sofisticación y lo plasmó en esta obra sublime.

Pintada entre 1494 y 1498, es un mural icónico situado en el refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie en Milán.
Este mural epresenta el momento exacto en que Jesús anuncia que será traicionado, capturando la intensa reacción psicológica de los doce apóstoles. Mide aproximadamente 260 cm de alto y 880 cm de ancho. La obra destaca por su perspectiva central, enfocada en Jesús, y la organización de los apóstoles en cuatro grupos de tres, creando una narrativa. La obra emplea una perspectiva lineal rigurosa, con el punto de fuga situado en la cabeza de Jesús, lo que centra la atención en Él y crea una ilusión de profundidad en la que Judas es mostrado en la sombra con una bolsa de dinero (las treinta monedas que recibió por traicionar), mientras Pedro sostiene un cuchillo. La obra destaca por la iluminación y las emociones detalladas de todos y cada uno de los personajes.

Los turistas no pueden evitar hacerse un selfie con la obra más importante del Renacimiento.
Técnica, deterioro y múltiples restauraciones
En lugar de pintar sobre yeso húmedo (fresco tradicional), Leonardo aplicó emulsiones de aceite y barniz sobre una base seca, lo que permitió un mayor nivel de detalle y correcciones, técnicas más propias de la pintura sobre tabla. Este concepto revolucionó el Renacimiento al dotar a las figuras de una vida psicológica intensa. El genio del Renacimiento pudo difuminar bordes y sombras, logrando transiciones sutiles ideales para observación anatómica detallada para captar estas emociones sutiles pues le permitió llegar a la verdad psicológica más que a la belleza idealizada.
Esta técnica experimental, combinada con la humedad del muro en Milán, causó que la pintura se desprendiera y se descascarara poco después de terminarse. La obra ha requerido múltiples restauraciones debido a la fragilidad técnica de la aplicación original de Leonardo, siendo la más significativa la finalizada en 1999. Si bien la ténica del sfumato le permitió mayor luminosidad (transiciones suaves), ésta provocó un deterioro rápido al no adherirse bien a la pared húmeda del refectorio. Entre el 14 y 16 de agosto de 1943 unas bombas incendiarias y de gran potencia destruyeron el techo y la mayoría de las paredes del refectorio del convento mas la gran obra del Renacimiento se salvó. Al entrar en la sala del museo y observar atentamente esta inmensa obra el corazón se encoge al sentir un profundo misterio: que el Arte sobrevive a sus ruinas y que el ser humano es polvo, al mismo tiempo que es capaz de participar del genio creador.

El escaso tiempo que permiten al visitante permanecer en el museo -quince minutos- lleva a que nadie repare en el fresco situado en el lado opuesto de la sala, una Crucifixión de Donato Montorfano de 1495.
Moti dell’animo
Los moti dell’animo (movimientos del alma) y se refieren a la representación de las emociones, sentimientos estados de ánimo mentales e internos a través del las expresiones faciales posturas corporales y gestos en el arte, Leonardo creía que el pintor debía retratar la mente, no solo el cuerpo. Leonardo sostenía que el pintor representa el interior del personaje, no es como un espejo que copia sin conciencia, insistiendo en que el arte debe dar un significado y sentimiento a lo representado. Leonardo en su “última cena” se enfocó en representar la reacción emocional de cada apóstol tras la frase pronunciada por Cristo de que: “Uno de vosotros me va a entregar””. El genio del Renacimiento transmite la escena capturando gestos, posturas y expresiones psicológicas distintas, según el carácter e idiosincrasia de cada apóstol, o sea, las acciones, emociones y pensamientos internos que se manifiestan físicamente en el cuerpo y la cara de un personaje diciéndo: ¿Soy yo?
La obra muestra la reacción emocional diversa y dramática de cada apóstol ante la noticia que cae como una bomba: alguien lo traicionará. La pintura era para Leonardo, poesía muda, y efectivamente el momento de en que Cristo dice que uno de los suyos es un traidor está plasmado a modo de endecasílabos dramáticos. El fresco trasmite -a pesar del momento que narra- una gran paz: Cristo dirá mientras muere que todo está cumplido. Leonardo pinta un Cristo sereno, que transmite un amor y dulzura infinitos. Una última cena que tuvo lugar un día concreto, pero estaba destinada a ser alimento eterno. Leonardo logra plasmar ese mood de eternidad de una forma sublime.
En la cara de Judas vemos la tensión y cómo agarra con la mano derecha la bolsa que contiene la recompensa por la traición (le dieron lo que en aquella época valía la compra de un esclavo), una acción de la que nunca se perdonará a sí mismo y con la mano izquierda se alarga hacia el plato del Maestro (al que el llamaba Rabí). Da Vinci no lo representa aislado sino junto a los demás apóstoles, pero lo distingue con la luz, la postura oscura y el rostro en penumbra mirando hacia el espectador como asustado, apoyando el codo en la mesa.
Para Leonardo no había amor sino había voluntad y es por esto por lo que quisiera destacar entre todos los apóstoles al más joven, Juan, a la derecha Cristo, en el grupo de la izquierda junto a Pedro y Judas en el momento culminante del anuncio de la traición. Representado con un rostro angelical, juvenil y delicado con una expresión de sorpresa entristecida llena de emotividad serena Sería éste joven apóstol el único entre todos los comensales en estar al pie de la cruz en el momento de la crucifixión. Su rostro contrasta con el de los demás discípulos dado que es el que está más confiado, vestido con una túnica de colores suaves, manos delicadas y cabello largo. Juan no pregunta si es él quien le va a traicionar, su mano delicada reposa serena dando la sensación de que sabía todo antes de sentarse a cenar.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la iglesia de Santa María de las Gracias en Milán sufrió graves bombardeos aliados en agosto de 1943, destruyendo gran parte del refectorio. Sin embargo, la pared de La última cena sobrevivió protegida por sacos de arena y andamios,
INFO
Museo de La última cena. Piazza Santa Maria delle Grazie, 2. Milán.
Debido a su delicado estado, el acceso al mural es restringido (grupos pequeños cada 15-20 minutos) y la reserva anticipada es obligatoria (cenacologruppo@adartem.art).
Photo Miriam Lafuente Soler




