La obra de Munch se encuentra casi en su totalidad en la ciudad de Oslo: en el MUNCH y el Nasjonalmuseet. Hasta enero, en el Palazzo Reale de Milano, una grande exposición monográfica que explota toda la producción del artista noruego. Una exposición interesante para conocer de cerca la obra del pintor noruego Edvard Munch. El espectador, como Munch deseaba al realizar su obra, adquiere cociencia de lo que la pintura tiene de sagrado, de modo que se descubran ante ella como en una Iglesia.
Milano, Italia.
Pintor y grabador noruego, es ampliamente considerado el percursor del expresionismo alemán que se caracteriza por la temática sórdida. Munch, conocido en todo el mundo por una obra: El grito. Un cuadro que ha quedado como un icono de la angustia, el miedo, ansiedad, la enfermedad, muerte y desesperación del hombre moderno. Una obra que fue robada en dos ocasiones y portada de El Times, lo que la hizo mundialmente conocida. El cuadro fue pintado en 1893 y es uno de los más emblemáticos del arte moderno, porque el grito anuncia o es precursor del siglo XX con sus dictaduras y guerras mundiales. El hombre y la mujer del siglo XX se enfrentarán a la crisis de la cultura de la modernidad.
Recorriendo las salas de esta impresionante exposición de Palazzo Reale de Milán nos percatamos de que estamos ante un gran artista, que retrató a la perfección el hombre moderno y su sufrimiento existencial, la soledad y la angustia. El mismo pintor vivió una existencia marcada por su adicción al alcohol, la depresión y la soledad, que fue, al mismo tiempo, la fuente de su creatividad. Llegó a estar ingresado en un sanatorio y murió solo, donando todo su obra a la ciudad de Oslo dado que no tenía herederos. Dejó más de mil cuadros, más de quince mil grabados y más de cuatro mil dibujos y acuarelas. Oslo tiene una relación muy estrecha con el pintor dado que fue en esa ciudad donde transcurrió su infancia, y sus primeros pasos como artísta y fue allí también donde murió. Kristiania era el antiguo nombre de Oslo.
El beso
“Del mismo modo que Leonardo Da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionando cuerpos, yo intento diseccionar almas“, dejó escrito Edward Much, es una obra que nos pude servir de paradigma para entener mejor la mente del artista noruego. En 1897, “El beso” sería una de las obras que me exponen en Palazzo Reale que más me ha impactado, fue una obra muy aclamada en la época. Se trata de un beso paralizado en el tiempo, cuajado de intimidad y tranquilidad, en contraste con la vida de la ciudad que se vislumbra por la ventana de la estancia. Deseo y amor parecen estar entremezclados en una única figura. Munch recreó otra versión de “El beso” en la que los protagonistas aparecen desnudos. Al pintor noruego le interesa pintar personas que sienten sufren y aman, estaba solamente interesada en que su arte reflejara el trasfondo psicológico.
En esta obra, el beso funde a dos personas en una pasión tal, que parece que se deboran, los dos rostros se funden en uno, ausente de rasgos, refleja que es solo la pasión y el deseo que les invade, parece que se poseen más que amarse. Sus caras se fusionan en una sola representando una unidad, la cara resultados de las dos no presenta facciones. Esta amenazante pérdida de la individualidad al fusionarse en otro es una visión del amor transtornada, puesto que un amor sano no llevaría al amado a perder su individualidad ni personalidad. Su impacto en la historia del arte se debe a la intensidad emocional y la originalidad de su estilo, que lo han convertido en un referente del expresionismo y el simbolismo en la pintura moderna.

Mucn pintaba lo invisible, lo que está dentro de cada ser humano.
Chicas en un puente pintado por Edvard Munch
El cuadro Chicas en un puente de Edvard Munch es una obra emblemática del artista noruego que refleja su estilo único y expresivo. En esta pintura, Munch representa a dos jóvenes mujeres paradas en un puente, con una mirada melancólica y enigmática que ha intrigado a los espectadores desde su creación. Las Chicas en un puente transmiten una sensación de soledad y nostalgia a través de la mirada perdida de las figuras y la atmósfera nebulosa que envuelve la escena.
La paleta de colores fríos y sombríos utilizada por Munch contribuye a crear una sensación de misterio y melancolía en la obra. Esta pintura de Edvard Munch es un ejemplo destacado de su exploración de las emociones humanas y su estilo simbólico y expresionista que lo caracteriza. La composición minimalista y la intensidad emocional presentes en Chicas en un puente lo convierten en una obra inolvidable en la historia del arte.
El cuadro Chicas en un puente de Edvard Munch fue pintado en 1903. Su impacto en la historia del arte se debe a la intensidad emocional y la originalidad de su estilo, que lo han convertido en un referente del expresionismo y el simbolismo en la pintura moderna. Ha sido el cuadro elegido para poner fin a esta exposición y lo encuentro muy acertado. la última sala de esta exposición me llevó como al final de una sinfonñia, un colofón de colores fríos. Me metí en el corazón de Kristiania, donde hombres y mujeres luchan contra su soledad topándose con un Dios riguroso y estricto que impide vivir. La obra de las chicas en el puente es ás serena, y transmite que a pesar de los horrores, siempre podrás apoyarte en una banrandilla y pensar: Dios mío que está pasando.

A la entrada de la exposición los visitantes se pueden divertir antes de adentrarse en el sombrío mundo del artísta.
El estilo artístico
El estilo artístico de Chicas en un puente se enmarca dentro del expresionismo, caracterizado por la representación emocional y subjetiva de la realidad. Munch utiliza pinceladas sueltas y colores intensos para expresar la angustia y la soledad de las figuras en la pintura. La obra Chicas en un puente de Edvard Munch también muestra influencias del simbolismo, al utilizar elementos visuales para representar estados mentales y emocionales más que una descripción objetiva de la realidad. La expresividad de las figuras y la atmósfera evocativa son rasgos distintivos de su estilo artístico.
La creación de Chicas en un puente por Edvard Munch se enmarca en un periodo de intensa exploración emocional y artística del pintor noruego. Esta obra ha sido interpretada como una representación de la soledad y la alienación en la sociedad moderna, temas recurrentes en la obra de Munch. La pintura Chicas en un puente ha generado diferentes interpretaciones a lo largo de los años, convirtiéndose en una de las obras más reconocidas y estudiadas del artista.

La exposición de Munch de Palazzo Reale de Milán merece la pena ser visitada- El corazón de Oslo se funde con el de Milán.
INFO
Munch, El grito interior
Palazzo Reale, visitable hasta enero.
Photo Miriam Lafuente Soler. Courtesy of Mostre Comune di Milano




